Para algunas personas la cara es el espejo del alma. Nosotras también lo pensamos, y por eso mimamos tanto nuestro rostro. Eso no excluye el hecho de que cada parte de nuestro cuerpo tenga la capacidad de decir algo sobre nosotros. Nuestros pies nos permiten seguir nuestro camino y a veces desviarnos de él. En la planta de nuestros pies están nuestro corazón, cerebro, pulmones, estómago… ¡todo! ¿Cuántas más razones necesitamos para convencernos de que son muy (pero que muy) importantes?

Nos falta una (o dos, o tres...) Cómo podía habérsenos pasado mencionar que, si tus pies no están cuidados, hidratados, sin pielecillas ni durezas antiestéticas, de poco sirve que te pintes las uñas de ese color que ha puesto de moda Chanel. O que esta noche cuando te metas en la cama y roces con el pie a tu chico, toda la pasión podría verse desvanecida si no lo haces con cierta suavidad. ¡Ah!, y que hasta mediados de octubre podrás seguir utilizando sandalias, así que no vale la opción de esconderlos. Aunque la hubiese, ¿por qué hacerlo? ¡Si son preciosos!

Mímalos mucho, tanto como lo haces con tu rostro y del mismo modo. Una mascarilla para tu cara y otra para tus pies. Las tienes reparadoras, con el melocotón como principal ingrediente activo; relajantes, de menta; y altamente hidratantes, de argán. Ya cuando llegue el invierno incluye en el ritual el exfoliante progresivo de lavanda, también en formato calcetín. Trabaja en mayor profundidad las capas de piel rugosas que desees eliminar y deja tus pies como nuevos. 

Sería estupendo que después de estos 15 minutos de mascarilla en tus pies alguien se ofreciera a darte un masaje, uno de esos que te permiten desconectar de todo y soñar hasta el día siguiente. Seguro que lo consigues. Eres una mujer con recursos, eres una mujer Iroha Nature.